En una primera clase de economía empresarial el profesor pidió a sus alumnos y alumnas que salieran del aula. En unos minutos el grupo se encontraba en una avenida de la ciudad donde la Facultad colinda con enormes edificios altos destinados a negocios, oficinas y centros comerciales. Una vez ahí, el profesor les preguntó: “¿Qué veis?”. El grupo iba respondiendo sobre todo aquello que les alcanzaba la vista: “edificios”, “empresas”, negocios”, “bancos”, “unos grandes almacenes”, “furgonetas y camiones que van y vienen”. El profesor asentía a todas las respuestas y añadió: “¿Y qué hay en esas empresas?”. Otra vez los alumnos respondieron fácilmente: “Ordenadores”, “impresoras, mesas y sillas”, “archivos y archivadores”, “albaranes y facturas”, “montacargas y estanterías”, “teléfonos”, “gente trabajando”. Al escuchar esta última respuesta, el profesor ordenó silencio. Es ahí donde quería llegar. Planteó a sus alumnos que hicieran un esfuerzo de imaginación: “Imaginad que toda esa gente que está trabajando en esas empresas sale a la calle abandonando todos los edificios; y decidme: ¿qué veis ahora?”. Y las respuestas de los alumnos seguían siendo un poco las primeras: “edificios”, “empresas”, “bancos”, “ordenadores”, “mesas”…hasta que el propio profesor volvió a pedir silencio y dijo: “Nada. Lo que veis son edificios inertes. No son más que eso” “Todos esos edificios, empresas, centros comerciales, bancos, etc., sin personas no son más que edificios inertes.” “La primera lección es: Las empresas las hacen las personas”.
Este preámbulo nos explica la importancia de las personas en una empresa. Hay una responsabilidad intrínseca en ser empresario y /o directivo acerca de orientar, motivar, coordinar y conducir equipos humanos. Quien mejor lo haga, influirá en que su cuenta de resultados sea mejor.
Es cierto que estamos inmersos en un cambio disruptivo a nivel empresarial, que muchos ya la han bautizado como cuarta revolución industrial; la que algunos expertos prevén como la era de la robótica, la nanotecnología, los algoritmos e inteligencia artificial y el Big Data, entre otras apocalípticas visiones. Y decimos apocalípticas porque muchos de estos vaticinios apuntan a la destrucción masiva de puestos de trabajo que hoy realizan los humanos. No obstante, sabemos que todos esos nuevos recursos no humanos carecerán de algo que las personas sí tienen: emociones, creatividad, empatía…
Cuando tratamos la cuestión de las personas en las empresas son innumerables las razones que nos podrían llevar a concluir que es la principal razón por la que una empresa pueda ir bien, mal o podría ir mejor o peor en función de los empleados, mandos y directivos que tenga. Y son muchos los factores que pueden llevarnos a pensar que sólo tenemos dos caminos a seguir: o bien la empresa se adapta a sus empleados, o debemos hacer que el empleado se adapte a la empresa. Seguramente ninguno de estos dos caminos es el correcto. El correcto es el camino que evite 1) defraudar las expectativas del empleado. 2) que haya desajustes entre la persona y el puesto que ocupe. 3) que no se comunique y se den consejos insuficientes al trabajador. 4) que no se ofrezcan oportunidades de crecimiento profesional. 5) que no se valore lo suficiente y no se reconozca la aportación del empleado. 6) que no haya equilibrio en las cargas de trabajo y se descompense la conciliación laboral y personal. 7) Que se pierda la confianza en el líder de los equipos humanos.
Estas son las principales causas que llevan a consecuencias graves del por qué las personas no rinden en su puesto de trabajo, se marchan de la empresa, los empleados no están motivados y/o no generan ni crean nuevas ideas.
Encontrar un camino que permita diseñar un buen organigrama, que motive al empleado, que les haga crecer como profesionales y personas, que aporte valor a tu compañía y a la vez te dirija a ser un buen líder empieza por querer conocer a tus empleados.
Haced una prueba: Preguntad a vuestros empleados “Para Qué” están trabajando en tu empresa. Brevemente os explicamos un episodio reciente en una de nuestras intervenciones como consultores en el área de management; la empresa que nos contrató debía mejorar la gestión de personas porque tenía carencias en la motivación de sus empleados, en la transmisión de la visión y misión de la compañía, en definitiva de su ADN y consecuentemente en el desempeño esperado de sus empleados. Aparentemente, los empleados eran rigurosos en su trabajo. Puntuales, corteses, metódicos, pero no mostraban pasión, ni ilusión; lo que coloquialmente podríamos decir que “se limitan a hacer lo que les mandan”. Esta empresa dispone de un equipo de Call Center de 15 personas. A todas ellas les preguntamos “¿Para qué estás trabajando aquí?”. La gran mayoría nos respondió porque tienen que pagar la hipoteca, el recibo de la luz, el cole de los hijos y otros gastos recurrentes de la economía familiar. Algunos de estos empleados simplemente respondieron que no lo sabían. Y sólo uno de ellos nos respondió explicándonos su sueño personal: tenía un reto personal que quería alcanzar en su vida. Si os fijáis, solamente este último respondió acertadamente a la pregunta “Para Qué”. El resto respondieron a otra pregunta: “Por Qué” estás trabajando aquí. Es muy distinta una pregunta de la otra. Haz que tus empleados tengan su sueño, su ilusión, su propósito en la vida y hazles crecer para que lo cumplan.
Como empleador directivo o empresario, deberías tener (1) tu visión de la empresa (2) tu estrategia y tu plan de acción. Con eso lo que esperas son empleados que tengan las (3) habilidades y conocimientos suficientes para desarrollar su trabajo y que te ayuden a avanzar. Pero eso no es suficiente. También es necesario (4) Incentivar y (5) dar recursos a tu empleado, (6) Transmitir, comunicar y compartir opiniones (7) Motivar y (8) quizá la más importante, haz que te reconozcan como un líder.
Nos permitimos parafrasear a uno de los grandes empresarios de éxito y que lleva muy bien ser líder, Richard Branson (Virgin):
“Prepara bien a tus empleados a riesgo que puedan marcharse,
y trátales mejor para que no quieran hacerlo.”
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